Desmontar una sala blanca: por dónde se empieza cuando el laboratorio ya está parado

Desmontar una sala blanca: por dónde se empieza cuando el laboratorio ya está parado

Dentro de algunas naves del entorno tecnológico de Paterna hay una nave más pequeña. Se levanta en el interior de la grande, con su propia estructura, su propio techo y su propio clima, y se reconoce enseguida por el color blanco mate de los paneles, por la puerta con enclavamiento y por el zumbido continuo de los ventiladores. Es una sala blanca, y cuando la actividad que la justificaba termina, hay que desmontarla igual que se desmonta cualquier otra instalación: por orden, empezando por lo que está más arriba y terminando por lo que está pegado al suelo.

Qué es realmente una sala blanca montada dentro de una nave

En la práctica es un conjunto de piezas encajadas. Una perfilería de aluminio que forma el esqueleto, paneles de cerramiento con núcleo aislante, un techo registrable con módulos filtrantes, un plenum por encima del techo por donde circula el aire, una climatizadora que lo trata, conductos de impulsión y de retorno, esclusas de entrada con puertas enclavadas, ventanas fijas, un suelo vinílico continuo con medias cañas en los encuentros y una instrumentación de control con sondas de presión y de partículas.

Todo eso se montó en un orden concreto y se sostiene entre sí. Por eso el desmontaje no admite empezar por donde apetezca: retirar un panel antes de tiempo deja sin apoyo lo que tenía encima, y quitar el techo antes de descolgar el conducto obliga a rehacer trabajo.

El aire, antes que la estructura

El primer bloque es el que trata el aire. La climatizadora se para y se aísla, se recupera el gas del circuito de frío por el técnico habilitado, se desconecta la parte eléctrica con su descargo y se retiran las conexiones flexibles. Después bajan los conductos y las rejillas, que suelen ir colgados de la estructura de la nave grande y no de la sala. Con eso resuelto, el plenum queda despejado y se puede trabajar por encima del techo con seguridad.

Es también el momento de recuperar la instrumentación: manómetros diferenciales, sondas, cuadros de control y contadores de partículas si siguen instalados. Muchos de esos elementos tienen mercado propio y salen enteros, con su cableado ordenado.

Filtros: los que salen enteros y los que salen aparte

Los módulos filtrantes del techo llevan filtros de alta eficacia que se manipulan de una pieza y sin sacudir. Su destino depende por completo de qué se trabajó dentro de la sala: en una planta piloto de producto inocuo son residuo asimilable a industrial ordinario, y en un entorno donde se manipularon agentes biológicos o químicos concretos tienen un destino específico que confirma el titular y que ejecuta el gestor autorizado que corresponda.

La regla práctica es sencilla: los filtros se retiran embolsados y cerrados en el mismo sitio donde se descuelgan, y su clasificación se decide con la información que aporta quien conocía el proceso. Con los prefiltros de la climatizadora se hace exactamente lo mismo.

El techo, los paneles y la perfilería

Retirado el aire, el desmontaje avanza deprisa. Los módulos de techo salen uno a uno y se apilan sobre palé con separadores. Los paneles verticales se descuelgan de arriba abajo, empezando por los que no hacen esquina, y se manipulan entre dos personas porque el núcleo aislante es frágil aunque la chapa parezca dura. Las puertas y las ventanas se desmontan enteras, con sus marcos, porque completas conservan valor y sueltas no.

La perfilería se desatornilla en el orden inverso al montaje y se agrupa por longitudes. El aluminio limpio, sin tornillería mezclada ni restos de sellante, es material recuperable de buena calidad, y separarlo mientras se baja cuesta lo mismo que amontonarlo.

Qué se puede volver a montar en otro sitio

Una sala blanca modular, desmontada con cuidado y con los paneles numerados, tiene una segunda vida real. Hay compañías que las compran para montar salas más pequeñas y hay grupos que reaprovechan la suya al trasladarse. Para que eso sea posible hacen falta tres cosas: numerar cada panel según un plano de montaje, conservar la tornillería y los perfiles de unión, y proteger los cantos durante el transporte. Cuando se hace así, lo que iba a ser chatarra se convierte en un activo.

El equipamiento de la esclusa y del vestuario sigue el mismo camino y suele colocarse todavía mejor: bancos de cambio de calzado, taquillas, dispensadores, pasamateriales de doble puerta y las propias puertas con enclavamiento son piezas caras, compactas y muy buscadas por quien monta una sala pequeña.

Si el destino es el reaprovechamiento dentro de la propia compañía, el trabajo se organiza igual pero con embalaje reforzado y con inventario numerado, para que el montaje en la nueva sede empiece sin adivinanzas.

Lo que aparece cuando el módulo desaparece

Al retirar la sala reaparece la nave original, y con ella una superficie que llevaba años tapada. El suelo vinílico se despega con sus medias cañas y deja el pavimento a la vista, a veces con restos de adhesivo que hay que eliminar. Quedan los anclajes de la perfilería, los pasos de conducto en la estructura y las acometidas eléctricas y de agua que alimentaban la sala. Todo eso se resuelve en el mismo encargo: pernos a ras, taladros sellados, pasos cerrados y suelo repuesto donde hizo falta, que es lo que devuelve a la nave su condición de espacio diáfano listo para la siguiente actividad.

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